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Siervas Ilustres

 

      -Sor Florencia Janer

      -Sor Dositea Andrés
          -Sor Perfecta Temiño     

      -  Sor Blanca Amo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   Catedral de Zamora

Siervas Ilustres: Sor Dositea Andrés

 Sor Dositea, nació en Cheste, Valencia el 7 de mayo de 1863. Ingresó en la Congregación de Siervas de María Ministras de los Enfermos el 24 de diciembre de 1891. Su vida transcurrió con sencillez y espíritu de servicio por las comunidades Ponferrada, Astorga, Nava del Rey y en noviembre de 1903 llega a Zamora, donde continuará con sus ministerios al lado de los enfermos hasta que la epidemia de gripe que asoló a España, le sorprendió en el 1918, falleciendo contagiada, dando su vida en el cuidado caritativo al lado de los enfermos.

    Al ser Zamora una ciudad tan castigada por la epidemia gripal de 1918, las Siervas de María se multiplicaban por atender a los afectados, que eran principalmente las clases humildes, mal alimentadas y con peores condiciones en las viviendas, siendo los niños y jóvenes, los casos de mayor incidencia y mortandad.

    Sor Dositea destacó en su atención a los soldados afectados por la gripe, destinados en el “Castillo” de Zamora. Dos Hermanas fueron destinadas para esta misión: Sor Dositea Andrés y Sor Perfecta Temiño. La acogieron con extraordinaria alegría. No pasó desapercibida esa alegría tan especial a la Madre Superiora: ¡Qué contentas van Uds.!”. “Sí, Madre sí, muy contentas”. Y luego, camino del Castillo, no muy distante, se decían entre ellas con santa emulación: “¡Vamos, vamos a buscar el martirio!”. Allí derrochan paciencia, reparten cariño,- descansan sólo cuatro horas al día- consiguen que sus enfermos, raros y difíciles, tomen sus alimentos y medicinas. A Sor Dositea, las fuerzas le flaquean. No puede más. Está herida de muerte. El 30 de septiembre de 1918, víctima de la enfermedad que trataba de curar y aliviar, fallecía esta ejemplar religiosa, muy admirada y querida por todos los afectados, que veían en ella su único consuelo y remedio. No le preocupó nunca perder su vida, con tal de ayudar al prójimo necesitado.      
 

    Su fama se extendió por todo Zamora. La prensa de la ciudad al relatar su muerte, habló de la “heroína y ejemplar Sierva de María, Ministra de los Enfermos”. Su afán era servir siempre a los más pobres, a los enfermos, a los marginados... “porque no sirvo para otra cosa”, decía.

    El Ayuntamiento de Zamora, en aquel año, conmemorando y reconociendo su sacrificio heroico, erigió una lápida recordatoria sobre su tumba funeraria donde se lee:
“Contiene esta sepultura los restos mortales de la Sierva de María, Sor Dositea Andrés Marín, Ministra de los Enfermos, que sucumbió el día 30 de septiembre de 1918, asistiendo a los epidemiados militares en el Castillo de esta ciudad. El Excmo. Ayuntamiento de Zamora, admirando su sacrificio heroico, le dedica este humilde recuerdo, para que sirva de ejemplo cristiano la mártir  que consciente de su sacrificio caminó siempre entre una irradiación esplendorosa de virtudes, de luz genitor, amante del cielo. Respetad la paz de la tumba, elevando una oración por su alma y vigorizar vuestra fe ante su martirio admirable”.

También le dedicó el Ayuntamiento, una de las calles de la ciudad a Sor Dositea, la misma calle donde está el convento que hasta el año 2005, han habitado las Siervas de María.

Cuán lejos estaba ella de averiguar que su muerte iba a ser capaz de hacer vibrar a la ciudad entera. Ella se consideró, poca cosa, supo dejarse llevar por Dios. Y El la halló digna de Sí. En sus altos designios, nos la colocó en un pedestal de heroísmo para que nos sirviera de ejemplo a todos.

A pesar de sus pocos años de vida religiosa, 17 tan solo, consiguió hacer de su vida sencilla, entregada día a día a la asistencia a los enfermos, un ofertorio vivo hasta llegar al acto supremo de caridad y amor de Dios, al dar la propia vida, cuidando con solicitud de madre a los afectados por el cólera, consumando así su sacrificio.

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